Quien fue, al final de cuentas, el Dr. Plinio?
por Damián
Comentario sobre el artículo de Alfonso "TFP e Ideales Primarios".
(Primera Aclaración: Es imposible escribir sobre el Dr Plinio sin pensar en los innumerables amigos que adhirieron a él en el pasado o todavía adhieren a él, en diversas medidas o a diferentes aspectos de su personalidad. Seguramente serán comprensivos conmigo, sin perjuicio de su desacuerdo parcial o total con lo que pienso.)
(Segunda Aclaración: Yo no me considero un “ex–miembro” de la TFP. Yo me considero aún miembro de ésa TFP Ideal y ex-miembro de las TFPs concretas que conocí, ninguna de las cuales se acercaba a la TFP Ideal. En el año 1975, cuando me integré como miembro pleno, ya se percibía en el ambiente la “añoranza” de la gesta gloriosa que había sido el “grupo” en el pasado, unida a la horrible sensación de que esa gesta se había terminado irremediablemente. Ni qué decir de los restos dispersos de las TFPs que quedan ahora. Es muy triste.)
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Uno de los problemas del conocimiento es que la realidad es tremendamente compleja. Adecuar la mente al objeto es más fácil cuando el objeto es simple, como sucede con los objetos matemáticos. Pero si nos proponemos analizar la persona del Dr. Plinio y sus actos, la complejidad es tal que difícilmente haya dos observadores que vean lo mismo. Lo más probable es que vean cosas contradictorias, de manera que para unos sea un santo profeta y para otros sea un sinverguenza mistificador.
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| Bueno o malo? |
El principio de no contradicción, que es la base del conocimiento, incluye unas palabras finales que le quitan prácticamente toda su “evidencia”: “Nada puede ser y no ser al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto.” Pero en toda persona hay innumerables aspectos así que perfectamente puede “ser bueno” y “ser malo” al mismo tiempo sin violar el principio de no contradicción. Si además suprimimos la exigencia “al mismo tiempo” esa persona puede ser antes de una manera y después de otra, mientras en cada momento es de varias maneras.
A menos que sólo prediquemos el “ser”, a secas, sin aspectos y en un presente eterno, lo cual obviamente nos da un conocimiento muy limitado sobre las personas, debemos concluir que conocer una persona es bastante complejo. Sin ir más lejos los antiguos decían “Conócete a ti mismo”, como si desconociéramos a esa persona que somos nostros mismos, ¡justo los que tenemos más datos para hacer un análisis “completo”!
Recuerdo un libro de Lenotre (mencionado por el Dr Plinio) que comentaba el aspecto “buen padre de familia” de Fouquier Tinville, uno de los hombres más sanguinarios de la Historia. Buscando un poco siempre es posible encontrar algún aspecto por el cual una persona es admirable.
a) el hombre culto, profesor de historia,
b) el caudillo egocéntrico, manipulador de personas,
c) el hombre piadoso, devoto de Nuestra Señora,
d) el brasilero taimado, falso y lleno de dobleces,
e) el pensador católico lúcido y coherente,
f) el sofista astuto y desleal,
g) el transmisor y difusor de la verdad,
h) el hombre calculador y arbitrario,
i) el conversador atractivo, etc, etc.
Pero toda persona tiene un aspecto fundamental, o mejor dicho un acto fundamental que permite formar una imagen ideal de ella (¡otra vez Platón!).
Hecha esta aclaración yo creo que el Dr Plinio es fundamentalmente “el hombre que se plantó al progresismo entre los años 40 y 70”. Los demás actos y aspectos del Dr Plinio, antes durante y después de ese acto fundamental (sobre todo después) son anecdóticos y no tengo problema en opinar que fueron bastante lamentables e incluso enfermizos.
Su oposición a los errores del Siglo XX en materia religiosa hasta 1970 fue lúcida, clara y, para citar las palabras del Cardenal Montini, un “eco fidelísimo” de la doctrina católica. Alfonso planteó muy bien la oposición entre las ideas del primer artículo de Catolicismo en el año 1951, corroboradas por la encíclica Immortale Dei, y las pésimas ideas del artículo de Martín Rohnheimer, corroboradas por algunos textos ambiguos del Concilio Vaticano II.
Por un lado los progresistas, que separan a la civilización de la verdad y por el otro el Dr Plinio, insistiendo en una civilización fundada en la verdad. Por un lado los progresistas renunciando a la pretensión de única verdadera que siempre tuvo la Iglesia Católica y por el otro el Dr Plinio, sosteniendo esa pretensión como fundamento para una sociedad justa. En el fondo la tesis progresista no es otra cosa que la negación de la posibilidad de conocer verdad, el agnosticismo, el secularismo y el relativismo, doctrinas a las que adhieren el 99,99% de los católicos actuales, confesada o inconfesadamente (sobre todo inconfesadamente, aunque basta un par de preguntas para que la mayoría terminen confesándolo). Y del lado de la afirmación de la verdad poquísimos, entre los cuales el Dr Plinio se destacaba sin lugar a dudas.
Lamentablemente mientras el Dr Plinio sostenía estas doctrinas admirables poco a poco iba cayendo en lo que un amigo mio llama la “deriva sectaria” (profetismo, inerrancia y demás zonceras), que tiene explicaciones psicológicas y probablemente patológicas, aunque prefiero pensar solamente en las psicológicas. No sé quién decía que el humo más tóxico es el del incienso y si hay algo que el Dr Plinio recibió de sus seguidores fue una cantidad exagerada de incienso…. era difícil que no se intoxicara.
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¿Quién es más culpable? ¿El adulado o el que adula? ¿El Dr Plinio o los que le siguieron la corriente en sus extravagancias? La pregunta es muy difícil de contestar y me atrevo a sostener que el comportamiento del que adula es más condenable que el del adulado. Yo no creo (mejor dicho me resisto a creer) que el Dr Plinio haya deliberadamente querido llegar a los extremos que llegaron las teorías del profetismo, la inerrancia y demás yerbas.
Después de casi cuarenta años de intentar movilizar personas en la lucha contrarrevolucionaria confieso que el recurso al mesianismo y a la “unión total de las mentes y de las vías” me va pareciendo cada vez menos horrendo. Por supuesto que NO lo justifico ¿está claro? LO CONDENO; por ser injusto, contrario a la sabiduría, destructor, etc.
Pero constato la dificultad enorme que hay en conseguir reunir voluntades en torno a un objetivo común. Una persona que crea sinceramente que propone a los demás un objetivo bueno y excelso, ante la defección permanente de los que supuestamente deberían secundarlo, puede dejarse llevar por la tentación del mesianismo casi sin darse cuenta. Del mero “Síganme” pasa al “Síganme, si no se viene el mundo abajo” y termina en el “Síganme porque sí, porque yo se los digo, porque yo sé cosas que Uds no saben, etc, etc”
El paso siguiente es que el conductor empieza a vivir más en función de ese “pueblo” que congregó, que de los ideales para los cuales los congregó. Les da lo que le “piden” y poco a poco va pasando de conductor a conducido. El fin de esa evolución consiste en modificar los ideales iniciales para conseguir que la institucion sobreviva (por supuesto jurando que siempre se pensó igual).
Doy un sólo ejemplo. En un artículo de la Folha del 4 de Diciembre de 1985 el Dr Plinio decía:
“Importa lembrar, pois, que o próprio poder das Constituintes é limitado. Ou seja, que cada homem tem direitos que lhe provêm de sua própria condição de ente racional e dotado de livre arbítrio. Direitos que, assim, lhe vêm do próprio Deus, Criador do Universo. Exemplos? Antes de tudo, o direito de conhecer, amar e praticar a verdadeira Religião, isto é, a Católica, Apostólica e Romana. Como também o direito de não professar nem praticar outra religião que não aquela que, em seu foro íntimo, cada homem tenha por verdadeira.”
Las primeras frases son del Dr Plinio de antes, pero la última frase ya no es lo mismo y ni siquiera hacía falta que la dijera. Con el “antes de tudo …” ya daba a entender que había otros derechos no enumerados y cualquiera hubiera podido entender que no descartaba la libertad religiosa. Pero la mencionó explícitamente y con todas las letras, probablemente por motivos “estratégicos” ¡qué diferencia con el año 1951!
Me acuerdo que íbamos en una kombi con varios eremitas desde San Bento a Jasna Gora y uno iba leyendo el artículo en voz alta. La frase me llamó la atención y me quedó sonando en la cabeza.
El tema me interesa y no tengo toda la formación necesaria para aclararlo, pero 24 años después me animo a hacer algunas distinciones:
En primer lugar distingo entre la coacción positiva (forzar a hacer) y la coacción negativa (impedir hacer). Una cosa es, por ejemplo, forzar a alguien a bautizarse, lo cual no está permitido (Carlomagno fue castigado por bautizar a los sajones a la fuerza) y otra cosa es impedir que se practique una religión falsa (San Bonifacio hachó el árbol sagrado de los mismos sajones).
Pero la frase del Dr Plinio excluye ambos tipos de coacción.
En segundo lugar distingo entre el “fuero íntimo” y la “práctica pública”. De hecho el fuero íntimo nunca puede ser forzado a nada. Aún bajo tortura cada uno puede seguir profesando la religión que quiera. El asunto es la práctica pública.
El Dr Plinio proclama el derecho a la práctica “pública” de lo que cada uno cree en su fuero “intimo”. Pero la práctica pública sí puede ser objeto de coacción, según la doctrina clásica de la Iglesia.
En tercer lugar no creo que la prohibición de forzar a profesar la fe católica pueda ser considerada un “derecho”. Obviamente no se debe hacer, pero no todo lo que está prohibido en un sentido constituye un “derecho” en sentido contrario. La tolerancia (bien entendida) es la doctrina que impide castigar ciertos actos que idealmente no deberían realizarse, aunque el hecho de que no se los pueda castigar no signifique que en sí mismos constituyan un derecho.
En cuarto lugar la Justicia es la base del derecho. No se puede considerar que sea “justo” el no profesar la fe católica y menos todavía el profesar una religión falsa, sea en el fuero íntimo o en público.
¿Qué motivos estratégicos habrán llevado al Dr Plinio a defender la libertad religiosa? ¿Sobre esas bases pensaba restaurar la Civilización Cristiana?
Volviendo al artículo de Rohnheimer, es falso que es la primera vez "desde la elevación del Cristianismo a religión oficial" que la Iglesia se pone en pie de igualdad con las demás religiones. Como si la libertad religiosa se hubiera suprimido con Constantino y renacido con el Concilio Vaticano II. La realidad es que la Iglesia jamás predicó la libertad religiosa, ni se puso en pie de igualdad con las demás religiones, ni siquiera antes de Constantino. Durante los tres primeros siglos de persecución en que murieron 40.000.000 de mártires a ninguno se le ocurrió el argumento: "dejame practicar mi religión así como yo dejo practicar la religión de los demás" o "mi religión es apenas una más entre varias, trátenlas a todas igual". A ninguno se le ocurrió poner la religión verdadera en el mismo nivel que las religiones falsas. Morían por sostener que había UNA SOLA religión verdadera, punto. Las tesis de Rohnheimer no se apartan sólo de la doctrina vigente durante algunos siglos sino de la que se sostuvo en TODA la historia de la Iglesia.
La Civilización Cristiana que el Dr Plinio admiraba en 1951 nació de esa convicción. Es imposible restaurarla sobre la base que propone Rohnheimer.

La hipótesis de un Plinio senil, captado en su voluntad por Joao Cla ya fue discutida en estos foros (vid. Plinio el Joven y Plinio el Viejo). No parece razonable, el culto a Plinio es anterior a las tropelías de Clá. En el mismo artículo de Macanudo se justifica dicho culto.
ResponderBorrarLa TFP fue una incubadora de conductas sectarias, de manual. Con la particular especificidad de la coexistencia con doctrina católica ortodoxa, lo que puede llevar a cierta confusión. Algo similar, aunque menos espectacular y pintoresco, ocurre en el Opus. En estos casos, se requiere una profunda diálisis entre ortodoxia por un lado y heteropraxis por el otro, con un aparato muy escaso en el mercado: el sentido común. Aunque tirando de la cuerda de la heteropraxis siempre aparecen desviaciones doctrinales, en ocasiones de índole metafísica, otras antropológicas, otras teológicas.
Psicopompus
Agrego: es infinitamente más culpable el adulado que el que adula. Es algo tan evidente desde el punto de vista ético, que creo que no hay que fatigarse demostrándolo.
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