Apóstata!

por Everlong

Fui cooperador de la TFP. 

Decidí salir voluntariamente. Recuerdo los esfuerzos disuasorios de los compañeros de la TFP: me contaban anécdotas de quienes eran llamados “apóstatas”, esto es, dimitentes, que murieron trágicamente luego de salir del grupo y de otros que llevaban una vida libertina. También me describían un panorama desalentador de la vida extramural, con historias de personas que habiendo salido de la entidad, llevaban una vida de desempleados o que tenían muy bajo nivel de vida.

Animarse no es fácil...
A pesar de todo, persistí y me retiré del grupo. Luego de muchas dificultades de adaptación a la vida exterior, y de desempeñar pequeños empleos temporales que a penas me permitían subsistir, comprendí que lo mejor que podía hacer era estudiar. 

Obtuve créditos para el efecto, y con sacrificios logré adquirir títulos universitarios con los cuales pude obtener un buen empleo con el que, a decir verdad, no me he enriquecido, pero que me ha permitido vivir con un estándar aceptable para mí y para mi familia, y con buenas perspectivas de crecimiento profesional y personal. 

No puedo asegurar que estas condiciones tan favorables se mantengan para siempre, como nadie puede asegurar que nunca sufrirá alguno revés. Sin embargo considero que a diferencia de lo que se me insinuó en la TFP, una persona que sale del seno de dicho grupo si puede lograr metas satisfactorias con paciencia, disciplina, trabajo, y mucha confianza en Dios. 

Seguramente algunos de los lectores habrán tenido experiencias similares, o mejor aún, experiencias de franco éxito. Me gustaría conocer sus experiencias.

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