La salvación sólo llega a través del Fundador
por Michael Walsh en "El mundo secreto del Opus Dei"
Raimundo Pániker describió a la Obra como "el último remanente de aquel mesianismo militante que es endémico en las religiones abrahámicas." Las religiones abrahámicas (judaísmo, Cristiandad e Islam) están todas por afirmaciones de que son la única fe verdadera. Cada una de ellas periódicamente debe sufrir accesos de los grupos fundamentalistas dentro de las mismas que intentan hacer volver a los descarriados a lo que ellos consideran la fe primitiva y verdadera. En el caso de la Cristiandad, al menos, tales grupos predican su mensaje en el contexto de una (para ellos) sociedad decadente que consideran el preludio de los últimos tiempos.
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| Camino de salvación... |
El Opus, dice Pániker, quiere salvar al mundo de sí mismo en nombre de Dios, pero según sus propias condiciones. Las condiciones del Opus, por supuesto, son idénticas a las de su fundador. Toda gracia que conduce a la salvación llega a los miembros del Opus Dei a través de su fundador. A través de la gracia del fundador eres lo que eres. De ahí los traumas que sufren los que se salen. Demasiado a menudo creen, y los miembros del Opus Dei lo piensan así, que al separarse de esta fuente de gracia se ponen a sí mismos fuera de esta institución de inspiración divina e inalterablemente perfecta, y están destinados a condenarse eternamente. "El demonio actúa rápidamente (le dijo Janet Gould a su madre cuando le explicaba por qué no podía abandonar por un corto período la residencia del Opus para ir a casa de visita) y lo hará si me marcho de aquí" (Citado en el "Catholic Pictorial", 13 de setiembre de 1981. La señorita Gould ya ha dejado el Opus.
Las similitudes entre el Opus y algunos de los nuevos movimientos religiosos son sorprendentes. No es difícil hacer comparaciones reveladoras entre organizaciones tale como la Iglesia de la Unificación, la secta Moon, y el Opus. Sin embargo, tales comparaciones no siempre funcionan: el Opus durante toda su vida ha buscado, y finalmente ha recibido, la aprobación de la Santa Sede. A pesar de sus muchos detractores, sigue siendo una parte aceptada del catolicismo, con entradas en el Libro del Año del Vaticano y en los directorios de las iglesias católicas de todo el mundo. A primera vista, pensar que el Opus pudiera ser clasificado como un nuevo movimiento religioso o secta que opera dentro del catolicismo, parecería paradójico y muy improbable. Paradójica o no, la pregunta debe hacerse: ¿Es el Opus Dei una parte intachable del catolicismo, o es una secta en desacuerdo con la Iglesia que le dio el ser? Carol Coulter, una periodista irlandesa, incluye un capítulo sobre el Opus en su libro "¿Son peligrosos los cultos religiosos?" (Carol Coulter, Are Religious Cults Dangerous? Dublín, Mercier Press, 1984, pág. 43), y concluye diciendo: "Debe quedar la sospecha de que la Iglesia Católica tiene su propio culto, protegido hasta ahora por los más altos rangos en la misma Iglesia". Así pues, ¿está la Iglesia católica dividida a su pesar? ¿Está el monolito quebrado? Aunque realmente la Iglesia haya parecido un monolito únicamente a quienes estaban fuera de sus brazos, a punto de desmoronarse? Porque el problema está más extendido. No es sólo el Opus.
No hace demasiado tiempo, la Santa Sede expresaba su preocupación por el crecimiento en América Latina de sectas protestantes, especialmente de una variedad evangélica. Tiene buenas razones para alarmarse, como muestra incluso una breve visita a los barrios más pobres de las grandes ciudades. La expansión de estas sectas, casi invariablemente de una clase teológica claramente conservadora, ha sido tema de estudio repetidas veces. Mucha menos atención se ha presentado, no obstante, a un desarrollo igualmente alarmante dentro del mismo catolicismo: la aparición de agrupaciones de derechas.
Algunas de éstas, Comunión y Liberación, por ejemplo, se conocen en Europa bajo un nombre equivalente. Otras, como Fiducia en Chile o la peruana Sodalitium Vitae, son productos de cultivo casero. Tienen idénticas características. Sin duda, existen similitudes entre las sectas protestantes y católicas que los sociólogos podrían rápidamente apuntar. Mucho más sorprendentes son, sin embargo, los contrastes.
Las sectas protestantes atraen a los pobres y a los desposeídos; las católicas, a los ricos y a los privilegiados. Los primeros rechazan enérgicamente a Roma en nombre de la Reforma; los últimos muestran una lealtad incuestionable, si bien a los de su propia clase. Los primeros evitan la política y, de este modo, como dijo una vez un distinguido teólogo de la liberación, Jon Sobrino, separan a sus conversos de sus responsabilidades históricas. Los últimos hacen exactamente lo contrario, considerando a la Iglesia como puntal del Estado y esperando que el Estado sea, a cambio, el protector de la Iglesia. Los primeros son con frecuencia de Pentecostés, buscando consuelo de la casi insoportable carga de la lucha diaria por la existencia en las lagunas creadas por la impredecible llegada del espíritu. Los últimos se refugian en la seguridad de un sistema de valores bien probado: en la tradición, la familia y la propiedad. Este es, de hecho, el nombre de uno de tales grupos, Tradición, Familia y Propiedad, activo en varias zonas de América Latina.

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