Una audiencia histórica: el periodista que califica al Opus Dei de secta abusiva dialoga con León XIV
Gareth Gore es un periodista de investigación británico con amplia experiencia en temas financieros y escándalos internacionales. Durante casi dos décadas ha cubierto asuntos globales, pero en los últimos siete años se ha concentrado en destapar lo que describe como graves abusos dentro del Opus Dei. Su libro *Opus: The Cult of Dark Money, Human Trafficking, and Right-Wing Conspiracy inside the Catholic Church* (2024) es una de las denuncias más contundentes y documentadas contra la Obra en años recientes. Gore inició su investigación a partir del colapso del Banco Popular en España y terminó descubriendo —según su versión— redes de dinero opaco, influencia política conservadora extrema y prácticas abusivas sistemáticas vinculadas al Opus Dei. A través de su Substack “OPUS” sigue publicando revelaciones, enfrentando amenazas, intentos de demandas y campañas de desinformación por parte de la institución, lo que él interpreta como prueba de su maquinaria de encubrimiento.
El 16 de marzo de 2026, Gore tuvo una audiencia privada de más de 40 minutos con el Papa León XIV en la biblioteca privada del Palacio Apostólico del Vaticano. Según su relato, el encuentro fue solicitado directamente por el Pontífice a través de intermediarios, incluido el periodista peruano Pedro Salinas (conocido por denuncias contra otros grupos). Gore viajó desde Londres tras recibir una invitación formal y fue escoltado por la Guardia Suiza. En la reunión entregó documentación clave: testimonios de víctimas, un informe de fiscales argentinos sobre presunto tráfico de personas ligado a la Obra y pruebas —según él— de que el propio fundador, san Josemaría Escrivá, diseñó sistemas de captación, control y abuso. Pidió al Papa una investigación independiente exhaustiva (con expertos clericales y laicos), la disposición a disolver la institución si se confirman los hechos, la reapertura del proceso de canonización de Escrivá por irregularidades y, sobre todo, que el Pontífice escuche personalmente a las víctimas. El Papa calificó el libro de Gore como “un trabajo riguroso” y la conversación terminó en buenos términos, aunque Gore no reveló detalles adicionales de las respuestas papales.
En su post de Substack, Gore resume una batería de acusaciones graves contra el Opus Dei, presentándolo como un “culto abusivo” que abusa de su legitimidad católica para atraer y explotar víctimas:
- Grooming y manipulación de niños desde los 10-11 años sin consentimiento ni conocimiento parental, llevándolos a compromisos vitalicios.
- Tráfico y esclavitud de jóvenes mujeres (especialmente en “escuelas de hostelería” en Latinoamérica, Europa, África y Asia), atraídas con falsas promesas educativas y luego usadas como sirvientas no remuneradas en centros de la Obra (caso emblemático: investigación en Argentina, con paralelos en Irlanda, Francia, México y España).
- Abuso de la dirección espiritual y la confesión para recolectar información comprometedora y ejercer control psicológico.
- Extracción de dinero, favores y obediencia absoluta mediante abuso de conciencia.
- Uso de fármacos para ocultar problemas de salud mental, con casos de suicidios.
- Existencia de una “cuarta planta” en un centro psiquiátrico español dedicada a tratar daños psicológicos de exmiembros.
- Red de encubrimiento: amenazas, intimidación, lawfare contra denunciantes y campañas de desinformación.
Estas denuncias coinciden ampliamente con las que se repiten en este blog Sectas Eclesiales, un espacio en español que desde hace años recopila testimonios de exmiembros y analiza dinámicas sectarias en varias instituciones católicas. Las críticas más recurrentes al Opus Dei aqui incluyen:
- Captación engañosa de menores y jóvenes mediante técnicas progresivas (como “el minuto heroico”, convivencias y charlas) que ocultan el verdadero alcance del compromiso exigido, sin madurez ni consentimiento informado pleno de las familias.
- Aislamiento de la familia biológica, presentada como obstáculo a la “vocación”, y ruptura de vínculos sociales.
- Manipulación psicológica extrema: la dirección espiritual como herramienta de control total de la vida íntima, emocional y económica; un “sistema de inteligencia interno” que vigila y corrige; descrito por exmiembros como una “trituradora psicológica”.
- Explotación laboral disfrazada de entrega espiritual, sobre todo de las numerarias auxiliares: tareas domésticas sin remuneración real, sin derechos laborales ni aportes previsionales.
- Abuso de conciencia y poder espiritual: obediencia ciega, renuncia a la autonomía y prácticas que rozan o constituyen abuso emocional.
Desde una perspectiva crítica y con poca simpatía por el Opus Dei —como es mi caso—, estas acusaciones no son meras anécdotas aisladas ni ataques gratuitos. Forman un patrón documentado por múltiples fuentes independientes: exmiembros, investigaciones periodísticas serias y hasta procesos judiciales en varios países. El Opus Dei ha cultivado durante décadas una imagen de piedad, excelencia profesional y santidad en lo ordinario, pero debajo de esa fachada hay evidencias crecientes de prácticas que violan la dignidad humana, la libertad de conciencia y las normas laborales básicas, todo envuelto en un secretismo y control que recuerdan más a una secta que a un movimiento eclesial sano.
La audiencia de Gore con el Papa León XIV es un paso importante. Por primera vez en mucho tiempo, un Pontífice parece dispuesto a escuchar voces críticas sin intermediarios de la propia Obra. Ojalá impulse una investigación real, independiente y profunda: que se escuche a las víctimas sin revictimización, que se investiguen los abusos financieros y laborales, que se revise el proceso de canonización de Escrivá si hay pruebas de irregularidades y que, si los hechos lo ameritan, se tomen medidas drásticas, incluida la disolución. La Iglesia no puede seguir protegiendo estructuras que dañan a personas en nombre de Dios. Y el Opus Dei no es la única. La verdad, aunque duela, es el único camino para sanar y recuperar credibilidad. Basta de encubrimientos y de minimizar el sufrimiento ajeno por lealtad institucional.
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