El Fundador
por Ludovicus en The Wanderer
La clave de la neutralización de las tendencias sectarias intraeclesiales (que por otra parte, son connaturales al hombre moderno, hay tendencias sectarias hasta en una asociación filatélica o en los boys scouts) reside en el énfasis de la pertenencia a la Iglesia universal. Y, agrego, en la "objetivización" de la pertenencia al movimiento, paralelo a la "desubjetivizacion": como bien dice Tomás de Aquino, la obediencia, en una orden, no se da al Superior ni al Fundador, sino a la Regla. Cuanto más "regla" (supuesto que sea "recto" el Estatuto o la regla, y esa es otra historia bien complicada), menos personalismo del Fundador o Superior.
Recordemos a Marañón: "¿Para qué escribir un libro más?" Y contestaba el gran médico: sólo si tienes algo nuevo que decir, algo realmente valioso que puedas agregar al conocimiento general. Si no, cállate.
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| Para qué fundó Maciel a Los Legionarios? |
¿Para qué fundar? Parecería que el reino de la cantidad ha afectado lo que es más propiamente cualitativo y "subjetivo" (en el sentido de Kierkegaard): lo religioso. Curitas y monjitas anodinos -que con los años llegarán a los altares, inflación de procesos canónicos debidos al Magno mediante- se lanzan a fundar, negando el viejo axioma occamiano sobre la inutilidad de multiplicar los entes sin necesidad: Ordenes, Congregaciones, Prelaturas Personales, Cofradías, Compañías, Legiones. Cada uno con la " idea justa". Con un carisma peculiar, presentado como una invención inusitada, habitualmente el descubrimiento de la rueda: la santificación de lo ordinario - la cristianización de la sociedad - la difusión de la buena doctrina - la promoción del laicado.
Con una visión o revelación que el Fundador ha recibido. Atribuida a la Voluntado la Obra de Dios. Una especie de mini Iglesita, con un mini Cristo. Distante de la estructura jerárquica, y para compensar, con una buena profusión de verba papolátrica bastante hueca. Con manuales, directivas más o menos secretas, secretos, cultitos minúsculos, fetichismos personalistas, culto de la personalidad, idioteces (en sentido etimológico – idiotismos, particularismos) varios: que la tía del fundador, la mamá del fundador, el benefactor del fundador...
Un buen fraile me contaba hace poco un congreso de vida religiosa al que había asistido. Tenía dos monjitas al lado, y les pregunté en qué orden estaban. La monja le contestó: en realidad, estábamos en tal congregación, pero como no correspondía a nuestro carisma peculiar, nos fuimos y estamos buscando. Si no encontramos una organización que llene nuestro carisma, pues fundaremos. Como si de armar una sociedad anónima se tratase, una compañía comercial más.
El problema es que una vez fundada la organizacióin, sobre la libérrima voluntad del Fundador asistido habitualmente por una visión o segunda revelación, se deja el reino de la autonomía de la voluntad, del derecho privado, para pasar al régimen público más severo. Ha nacido la Organización para la cual el propio Espíritu Santo reparte perentorias vocaciones. Quien no entra en ella pierde su vocación. Quien sale de ella se condena. Quien obedece nunca se equivoca. Quien pierde su conciencia en manos del superior, la encuentra, trocada en buen espíritu. Quien intenta salvar su espíritu crítico o al menos el sentido común, se pierde para todos. Se convierte en la oveja perdida, el Hijo prodigo que no tiene Padre amoroso oteando el horizonte.
Lejos de mí negar el animo asociativo en el ámbito religioso. Pero, ¿no es una patología esta de fundar estructuras supererogatorias, con pretensiones diversas, incluso praxis y ritos diversos, a veces liturgia propia con lenguaje interno y hábitos propios, como estructuras paralelas de la Iglesia?
¿Es que no hay otras alternativas para ser católico, esto es, Singular, que entrar en una "orga", donde el único Singular termina siendo el Fundador?
¿Es que no alcanzan las tres, seis, diez órdenes monásticas, mendicantes y activas tradicionales?
El Fundador. El problema de las organizaciones es esta figura típica, que se repite hasta el hartazgo y que constituye la “forma” de estas estructuras. Culto a su persona, que promueve, permite, o tolera, qué más da, porque siempre se atribuirá al “exceso de celo” de los adeptos. Pero si hasta Augusto o Tiberio se enojaban cuando les levantaban altares. Inadmisible pretensión de moldear clones, al más puro estilo del triste estatolatrismo del siglo XX y del partido único, que repiten hasta el hartazgo anécdotas, gestos y costumbres del fundador como si fuera un nuevo evangelio.
Los ortodoxos orientales tienen un axioma: los elogios que recibe un sacerdote le serán imputados en el Juicio Final por el Señor, porque le han robado su Gloria.
Muchos querrían que el caso de Maciel y de la Legión fueran solo una singularidad negligible. Una rareza, a nosotros no nos va a pasar.
No. El caso Maciel es una red flag del Espíritu Santo a toda la jerarquía, a todos los miembros del Cuerpo de Cristo. Dios ha permitido que Ron Hubbard fundara una organización católica para decirnos algo.
Organización integrista, doctrina ortodoxisima, obediencia ciega, espíritu crítico suprimido, progresistas baneados como perros en la Iglesia, devoción a full al Papa y a María, exaltación de la gracia de estado para discernir hasta qué vas a comer y prohibir por voto de criticar al superior, control de conciencias, la madre del fundador santa, trituración de los apóstatas y rebotados al grito fanático de "vocación abandonada, condenación asegurada", fundador especificando cuándo iniciar su propio proceso, Magno poniéndolo sobre los cuernos de la luna, mausoleo del Fundador cabe las tumbas de Pedro y de Pablo, etc etc.
Y en el medio de todo este despliegue, el desastre. Pederastia, drogadicción, hijos ilegítimos, vida de farabute. Y un cover up y negacionismo que se extiende durante la friolera de medio siglo, con argumentos "prepotentes" como decía Castellani: que los resentidos, que los apóstatas, que el demonio que odia la buena doctrina, que el Papa, que la aprobación canónica, que por sus frutos los conoceréis, que el apostolado....
Qué idiota el que no entiende el lenguaje de Dios, que siempre habla a través de la realidad.
"Es necesario que El crezca y yo disminuya" es el lema kenótico y aniquilante de todo Fundador.
Disminuir también en sus seguidores, porque hay Fundador que decía que era una basura, pero sus seguidores se dedicaban a guardar sus restos de uñas, muestras de orina y pelo como reliquias futuras para la canonización.
Había Fundador cuyos seguidores ponían el retrato de la mamá, y de la hermana en las sedes. Había dirigente religioso que conocí, precursor de una organización actual, cuyos seguidores tenían las "Letanías para doña..." la mamá…
Aniquilación en serio, hay casos de Fundadores que combaten continuamente el culto a la personalidad, al par que lo generan con las circunstancias objetivas de su liderazgo. No es un problema de buena o mala fe (bueno, a veces sí: Marcial Maciel), la estructura es patologica y sacrifica adeptos y fundador en el mismo altar. Contra eso, aniquilación.
Y ojo con el "show de la aniquilacion", que eso también a veces es un montaje sectario.
No basta "hacerse" el humilde: el culto a la personalidad debe ser violentamente erradicado por el Fundador, pero tambien por la organización. Por la eutanasia o el suicidio del Fundador.
Bien hicieron los franciscanos, y eso que tenían a San Francisco de fundador, al deponerlo.
El fundador ideal debería ser un iconoclasta de sí mismo. Un modesto de las formas. Un aniquilado para que la Iglesia viva, que a su vez dispusiera a su organización a aniquilarse permanentemente en la faz de Cristo y de su Iglesia
Un John Henry Newman, en definitiva. Que evaporó hasta su cuerpo. Vayan a hacer reliquias con la tierra que dejó.
Sólo así se debería fundar. O no.

GENIAL!, GE-NI-AL!.
ResponderBorrarEnhorabuena al autor; comparto 100% lo escrito en este post-artículo.
GENIAL, GE-NI-AL! (Estoy harto de los "cortijos-lobby" dentro de la Iglesia)
Frase de oro para mi: "...Qué idiota el que no entiende el lenguaje de Dios, que siempre habla a través de la realidad..."
(Estoy más harto todavía, de quienes adulan, rinden peitesía, lisonjeo por aquello que ni es primogenitura, ni es plato de lentejas; no se sabe NI lo que ES. Enhorabuena al autor
Estas dos participantes de un Congreso de Vida Religiosa, las religiosas cuentapropistas, recuerdan sin duda a los monjes sarabaítas que define San Benito Abad en su Regla (Cap. I ap. 6/ 9).
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