Las décadas nos pasaron de largo...

por Filhodastrevas

Durante la décadas del 60 y 70 era muy comprensible e incluso esperable, que una organización como TFP alcanzara algún tipo de relevancia. El mundo en esos años definitivamente era otro. Las sociedades occidentales eran partícipes más activos e interesados en los procesos sociales y políticos. Existían niveles de polarización ideológica, política y religiosa. Que generaban condiciones especiales en materia de debate y opinión, condiciones que no se han mantenido, ni repetido en las décadas subsiguientes. Salvo en algunos periodos específicos en lugares muy puntuales, Chile y Argentina, esta última en menor grado.

¿Líder o creador de ilusiones?
Correa de Oliveira encontró en este ambiente tenso y conflictivo, las condiciones necesarias para plantear sus ideas, las mismas que encontraron eco y resonancia, por lo menos en algunos sectores sociales de la época. Lo que le permitió extenderse a algunos países más y tener un cierto grado de influencia, al menos en algunos sectores socio-económicos. Sin embargo él no supo capitalizar, ni administrar ese bien que había conseguido en los 60 y 70. La razón es simple, tenía una visión errónea y deformada de si mismo y de su obra. El error conceptual era severo, pues el quien pudo ser un líder de opinión, malbarató la oportunidad al no saber con claridad que diablos es un líder de opinión. 

En su megalómana percepción creía fanáticamente en la infalibilidad de sus razonamientos, por tanto él tenía la misión de ser el faro, la luz, el punto de referencia. El pozo de sabiduría que le diría inequívocamente a todas las personas (incluidos USA, URSS, ONU, IGLESIA, etc) que pensar y que hacer. Claro que de todo ese universo político, social, económico, cultural, religioso. Los únicos que le creían y le hacían caso, eran los muchachos del TFP. ¿Donde estaba la falla? a mi modo de ver la responsabilidad de su inutilidad e ineficacia, estriba en esta concepción del manejo de opinión pública. Siempre aspiró a ser un líder de opinión, siendo apenas lógico y realista no podía aspirar a nada más. Pero un líder de opinión no es el fulano que se las sabe todas y no yerra en sus apreciaciones. No, un líder es aquel capaz de interpretar y desarrollar en los planos abstractos o doctrinarios el sentir popular. Es decir a partir de un capital real, existente y porcentualmente significativo de personas con una determinada tendencia o inclinación ideológica, política o religiosa. Logra encausar una determinada empresa. Un líder de opinión no crea realidades, ni generalidades a partir de sectarismos. Bajo este prisma Correa de Oliveira pasó su vida creando ilusiones, ficciones político-religiosas, socio-culturales, y todo lo demás que se les venga a la mente.

En síntesis los 60 y 70 pasaron de largo, las realidades fueron mutando así mismo la percepción psico-social de las mismas. En otras palabras los intereses ciudadanos, cambiaron y por sobre todo las prioridades en las nuevas generaciones fueron diferentes. Pero Correa de Oliveira se quedó pegado en sus maravillosos 60, no pudo adaptarse y ponerse a la altura de las nuevas realidades. Su discurso anacrónico, recalcitrante y sesgado. Solo tenía algún grado de éxito en temas de polémica infalible; aborto, alguna que otra blasfemia pública o ante una gravísima intervención militar de alguna potencia socialista. Pero que consideremos a Correa de Oliveira como una referencia ideológica importante a nivel mundial o al menos continental, es más que un error, solo es propaganda interna que nos vendían a nosotros y claro con nuestros pequeños ahorros intelectuales se las comprábamos incluso a crédito. Es mas aún hoy día estamos pagando algunas cuotas pendientes.

Ahora bien bajo estas consideraciones que he hecho hasta aquí, sobre la acción pública del TFP y las consecuencias de las mismas para la organización, lo lógico y esperable es que esta institución no hubiera sobrevivido mas allá de la década del 80. La caída del muro de Berlín debió arrastrar consigo lo que quedaba del TFP. Pero la realidad es otra muy diferente.

En la década del 80 TFP se sigue extendiendo, se instala en muchos países más. Con estruendos publicitarios de por medio, con acusaciones gravísimas de las cuales solo conocemos la versión TFP. Que eran suficientes para enterrar a cualquier organización, pues que te vinculen con atentados en contra del Papa, es una lápida para cualquiera. Sin embargo la obra de Correa de Oliveira, sigue creciendo y a pesar de no representar a casi nadie, excepto al mismo Correa de Oliveira, las arcas del TFP se siguen llenando. Esto es indesmentible, da lo mismo que los Eremitas pasen hambre, que los cooperadores de la sede de Cali, conozcan la carne solo por fotos, que miembros del grupo que enfermaron hayan tenido que recurrir poco menos que a la caridad de algún cercano a la entidad. Como en mi caso particular, cuando fui atendido por un médico de buena voluntad y luego medicinado gracias a la generosidad del Sr. Betancourt padre de Fernando Betancourt, quien tenía una farmacia. O que fuéramos vestidos y calzados por ex miembros de la organización, que con su trabajo compraban cosas indispensables para nosotros. Demás está decir que a estas personas les estaré siempre agradecido.

Llegados a este punto, debo preguntarme si estoy tan errado en mi apreciación de la realidad del TFP, al extremo de que los hechos me desmienten categóricamente. O tal vez hay un capítulo desconocido para nosotros, un verdadero misterio. Que tiene relación directa con el dinero, con las propiedades. Y del cual nosotros solo hemos escuchado algún rumor, algún comentario incompleto. 

Ni por si acaso espero que estas ideas sean de aceptación unánime y tampoco es mi intención desconocer los logros que TFP tuvo en algún momento. Minimizando de mala fe, el trabajo que nosotros mismos llevamos a cabo durante una buena cantidad de años. Solo pretendo aterrizar las cosas en un contexto más realista y objetivo. Acéptenlo como una posibilidad. Básicamente quiero establecer si es que eso algún día fuera posible, de donde salía la plata para hacer funcionar esta máquina. Que como dije, en apariencia no cumplía ningún papel relevante, como para tener la capacidad económica que tuvo.

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