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Mostrando las entradas de octubre, 2026

Las Carmelitas Descalzas de Nogoyá

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Nogoyá no es una secta fundada al margen de la Iglesia. Es un carmelo de verdad, con constituciones aprobadas por Roma, reja, coro y disciplina del viernes. Por eso está acá. Este blog no se ocupa de lo que el siglo llama secta porque reza distinto o ayuna. Se ocupa de lo que, dentro de la Iglesia, toma la forma de la secta: una superiora que se vuelve única mediadora de Dios, una puerta que no se abre a quien pide salir, un miedo santo usado como cerrojo, y una autoridad —obispo o dicasterio— que no visita, no corta y prefiere la fachada a la oveja. El Carmelo no es eso. Teresa no fundó una cárcel. Pero un convento cerrado, con la priora sin freno y el pastor afuera, puede volverse eso, y en Nogoyá se volvió. La sentencia lo dijo por el delito. Lo que sigue mira el mecanismo, que es el de tantas casas y movimientos que crecen con permiso de la Iglesia y sin el gobierno que la Iglesia debe. No para condenar la clausura. Para no dejar que el abuso se esconda detrás de ella. El mismo ins...

No era la única puerta

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La capillita tenía velas, retrato y una sola puerta. Del otro lado no había consigna. Había una nave. Hay hombres que salen de una secta eclesial y pasan años sin saber qué han dejado. Conviene separar, desde el principio, dos salidas que se confunden porque llevan el mismo nombre. La salida física es la visible. Se deja el cuarto, la reunión, el director, la lista, el comedor. Se cambia de ciudad o se cambia sólo de calle. Hay una fecha, aunque después no se quiera recordar. Esa salida puede ser brusca o lenta, digna o desordenada, pero tiene un umbral. Un día se duerme adentro y otro día ya no. La otra salida no tiene fecha. Ocurre en la mente y en el corazón, y es allí donde el estar o no estar se vuelve una pelea de años, a veces de una vida. Se puede haber cruzado la puerta y seguir obedeciendo por dentro. La voz del director sigue corrigiendo el pensamiento. El miedo antiguo sigue midiendo cada misa en una parroquia ordinaria. Se reza y, a mitad del avemaría, aparece la sospecha ...