7 luces naranjas que hay que discernir en los nuevos fenómenos católicos
por Javier Igea
en Aleteia
Empieza a haber un problema en la Iglesia cuando en nuestros días, 12 fundadores están siendo investigados...
Hace unos días leí en Aleteia un artículo originalmente publicado en Catholic-Link, en el que se reflexionaba sobre la posible sectarización de parroquias o comunidades dentro de la Iglesia Católica. Me llegó a través de un amigo, con el comentario: “pone el dedo en la llaga”.
El fenómeno, como sacerdote, me preocupa y afecta, pues en alguna ocasión he visto irse al traste actividades apostólicas que podían haber dado mucho fruto si hubiera habido un discernimiento adecuado.Por ello, me permito añadir a dicho artículo algunos temas sobre los que creo que los pastores y fieles deben discernir de modo cuidadoso a la hora de colaborar con estos nuevos fenómenos.
Si usamos una comparación con las luces de un semáforo, entiendo como luz verde un carisma aprobado por la jerarquía de la Iglesia, del que tenemos certeza que viene del Espíritu Santo. Recordemos que el primer carisma de la Iglesia es la jerarquía, que es sacramental y que tiene como una de sus misiones el reconocimiento de los carismas que el Espíritu Santo suscita en los fieles.
Leer el artículo completo acá:

Leí los artículos de Mauricio Artieda en Catholic Link y de Javier Igea en Aleteia. Muy bien descriptos los "síntomas" de la "enfermedad" del sectarismo, narcisismo, adulación, ausencia de grises, emotividad y aparicionismo.
ResponderBorrarPero estoy desilusionado con el diagnóstico y más todavía con el tratamiento propuesto por estos sacerdotes.Siguiendo con las comparaciones médicas, estas enfermedades están siempre latentes en la Iglesia pero se desarrollan cuando “bajan las defensas”.
Justamente las defensas las bajaron esos “grandes teólogos” de los años 60 que admira el P. Igea, como de Lubac o Congar, “que no se anclaron a una ortodoxia inmovilista, sino que renovaron profundamente la teología en su tiempo”.
Gracias a ellos y a sus predecesores se acabaron las “anclas”, se acabó el “inmovilismo”, se hizo la “renovación profunda” y el resultado está a la vista: desaparecen los seminarios, desaparecen las órdenes religiosas, las parroquias están vacías… y en cambio proliferan los grupos milenaristas, sectaristas y todo tipo de falsos pastores para las ovejas desorientadas.
Me impresiona cómo estos sacerdotes tienen la ignorancia de los sabios: están muy informados y formados, pero no saben lo esencial: porque no conocen a la Iglesia Católica.
Serían bueno que estos “sabios” prueben una receta diferente: un poco más de inmovilismo, algunas buenas y sólidas anclas y, sobre todo, que dejen de creer que su “renovación profunda” va a salvar a la Iglesia.
La Santa Misa en la forma extraordinaria o tradicional del rito romano es eficacísima.
ResponderBorrarRodolfo: ¿podría ud compartir por favor el enlace del artículo de Mauricio Artieda, o al menos el título?
ResponderBorrarAlfonso da el link para el artículo de Javier Igea en Aleteia. Abriendo ese artículo se ve que en el primer renglón dice que su reflexión nace de haber leido un artículo en Catholic Link llamado "11 Síntomas de que tu comunidad se está enfermando de sectarismo". Abriendo el vínculo se puede leer el artículo, pero no dice quién es el autor. Por curiosidad entré en la página de Catholic Link y constaté que está firmado por Mauricio Artieda.
BorrarBuenas Rodolfo: ¿cuál es, a su entender, lo ESENCIAL que conlleva ese desconocimiento e ignorancia de la Iglesia católica de los teólogos del 60 y en concreto de los mencionados? (lo intuyo) si es tan amable de contestar . Agradecerle también su opinión y apertura de debate.
ResponderBorrarSaludos cordiales
Estimado Roberto Vega Diez: Lo ESENCIAL del progresismo es el antropocentrismo, es decir, pone la religión al servicio del hombre y no de Dios. Se podría completar, calificar y matizar esta afirmaciòn de mil maneras, pero Ud pidió lo ESENCIAL. Desde que la religión se centró en el hombre se vaciaron los seminarios, los conventos, las parroquias, y recrudecieron los institutos que ofrecen centrarse en Dios pero están "enfermos" de sectarismo.
BorrarLos errores del progresismo son numerosos y multiformes, debido al estilo subjetivista y relativista de sus autores, cuyos escritos suelen ser largos y obscuros, lo que les permite negar haber dicho lo que uno cree haber entendido que dijeron (si es que uno entiende algo). Por otro lado son escritos que no pretenden decir la verdad sino solamente "buscarla", caballito de batalla de todos los relativistas. Encontrar la verdad es un peligro, porque lleva al fanatismo y la intolerancia con el error. Por eso los progresistas hablan del "encuentro con Jesús", pero no hablan con frecuencia del encuentro con la verdad de Jesús, especialmente cuando la verdad de Jesús molesta al mundo, como por ejemplo respecto al matrimonio indisoluble. ¡Como si los problemas de infidelidad matrimonial fueran algo del mundo actual, cuando son tan viejos como la humanidad!
Las encíclicas de San Pío X trataron de sistematizar las ideas confusas de los modernistas, acusándolos de querer instaurar una religión "inmanente" al hombre y hacer de la Fe una "experiencia" interna. La Nouvelle Théologie de Congar, de Lubac y Teilhard de Chardin, podría haber alegado que "no sostiene lo mismo" que el modernismo condenado por San Pío X, pero el Papa Pío XII renovó la condena en la encíclica Humani Generis, aludiendo inequívocamente a tesis de estos autores, con lo cual está aclarado que no son otra cosa que un refrito del modernismo ya condenado.
El pedido de Roberto me llevó a releer algunos textos (a los que no soy afecto), en particular Henri de Lubac sobre la gracia sobrenatural. Sin ser muy claro (cosa que por lo menos tiene la decencia de reconocer) parece buscar algo a mitad de camino entre lo natural y lo sobrenatural, entre la naturaleza y la gracia. Para eso cita lo que dice Santo Tomás sobre la tendencia de la criatura hacia su Creador y el famoso trecho de San Agustín "te busqué por todas partes y te encontré dentro de mi mismo", ambos fenómenos que según de Lubac estarían dentro de lo "natural". De esos textos deduce una especie de gracia natural o de naturaleza graciosa que realmente causa mucha gracia. Solamente el éxito mediático de este autor consigue que la gente lo tome en serio. Supongo que su buena intención (hay que darle el beneficio de la duda) habrá sido divinizar lo natural, pero lo único que consiguió es humanizar lo sobrenatural.