Esperando una luz en la neblina
por Alfonso
Estuve intercambiando emails hace unos días con un ex miembro de la TFP y actual simpatizante de los Heraldos del Evangelio, y me impactó constatar, en persona, cuánta razón tuvo Chesterton cuando escribió, entre otros, este párrafo en su magistral ensayo sobre “El Maniático”:
“Todo el que haya tenido la desgracia de hablar con gente que se hallara en el corazón o al borde del desequilibrio mental, sabe que su característica más siniestra, es una horrible lucidez para captar el detalle; una facilidad de conectar entre sí dos cosas perdidas en su mapa confuso como un laberinto. Si ustedes discuten con un loco, es muy probable que lleven la peor parte en la discusión; porque en muchas formas, la mente del loco es más ágil y rápida, al no hallarse trabada por todas las cosas que lleva aparejadas el buen discernimiento. No lo detiene el sentido del humor o de la caridad o las ya enmudecidas certezas de la experiencia, El loco es más lógico, por carecer de ciertas afecciones de la cordura. La frase común que se aplica a la insania, desde este punto de vista es errónea. El loco no es el hombre que ha perdido la razón. Loco es el hombre que ha perdido todo, menos la razón.” (Pueden leer algunos párrafos más acá).
El ex-miembro al que me refiero es uno que, como muchos, entró bastante joven a la TFP, y como muchos circuló por varios países, estuvo en varias “sedes”… en fin, hizo el “grand tour” institucional que era habitual a los “casos complicados.” Lo más triste de esta historia en concreto, que conocí ya que nuestros caminos se cruzaron más de una vez, es que sospecho este Sr. nunca estuvo del todo a gusto en la institución, y le llevó años salir, lo que finalmente hizo hace tiempo.
Cuál no sería mi sorpresa entonces, cuando (según me contó él mismo años mas tarde), después de fracasar en varios trabajos y no terminar de instalarse en la vida, esta persona decide volver a los Heraldos, y es recibido por ellos. Es de hecho uno de los pocos casos que conozco de gente que ha salido… y ha vuelto… para volver a salir… para volver a amigarse.
Comparto este ejemplo anónimo acá, porque lo que este comportamiento errático ejemplifica, más allá de cierto desequilibro e inmadurez emocional que sospecho yo esta persona sufre y no quiere tratar, es un hecho bastante común entre ex-miembros de instituciones de este tipo, que consiste en irse de cuerpo pero no irse de alma. Me explico. He visto en muchas oportunidades que personas que se alejan físicamente de la institución, consiguen buenos trabajos y hasta se casan y forman familias, pero no consiguen alejarse mentalmente. Retienen muchos elementos de un esquema de creencias, principios y modos de pensar, que les impide criticar a la institución y prefiere achacar la razón de sus fracasos sea a sí mismos (generando comportamientos depresivos) o a los demás (generando resentimientos enfermizos y estériles).
Es mi experiencia personal que este fenómeno afecta sobre todo a las personas de carácter más débil y con menos espíritu crítico. Especialmente si entraron a grupos como éstos más de chicos, y no recibieron en su niñez o juventud otros padrones formativos, salen de la institución manteniendo en la cabeza esquemas mentales que garantizan que estarán siempre mirando para atrás, y no conseguirán discernir entre el trigo y la cizaña en materia de doctrina o principios aprendidos en la misma. Esto es doblemente peligroso cuando hablamos de sectas eclesiales, que saben esconder su doctrina en los pliegues de la verdadera religión, entre los preceptos evangélicos.
Estos pobres hombres, que se alejaron por cuenta propia o fueron discretamente descartados por la institución que no quería cargar con sus problemas psicológicos (hay muchos de esos también), están de hecho condicionados al fracaso y a una vida infeliz, confirmando, de manera perversa, los vaticinios de la institución que promete el fracaso (y no tan entrelíneas la condena eterna) a los miembros “apóstatas” que osan alejarse de la misma.
Estas instituciones, estas “sectas eclesiales”, son parcialmente responsables de la sanidad mental (o falta de) de este y muchos otros miembros. Son responsables en la medida que enfocan sus esfuerzos de reclutamiento entre niños menores de edad, que con o sin permiso y apoyo de sus padres, entregan sus cerebros sin formar a las técnicas de manipulación mental y control que conocemos. Son responsables en la medida que, puertas adentro, desarrollan una verdadera teología de la salvación que pasa exclusivamente por su visión del mundo y de la religión.
En el caso de este pobre hombre que me ocupa, es triste verlo, con casi sesenta años, un hombre hecho y derecho pero solo, viviendo de “changas” y la generosidad de algunos, incapaz de aceptar la realidad como es, constantemente construyendo un castillo de fantasías y que se erige como juez de todos los mortales, del Papa al más humilde barrendero, usando de forma casi blasfema una interpretación propia de la verdadera religión, que tiene sus raíces en los desvaríos ideológicos de un profeta inmortal muerto hace 20 años y de un Fundador oportunista y sin escrúpulos que vive sus últimos años rodeado del lujo y de la adulación de hombres y niños cada vez más jóvenes.
Su “horrible lucidez para captar el detalle,” y su falta de discernimiento o de “las certezas de la experiencia,” que nunca ha ganado en la vida, hacen de esta persona un tipo con el que es imposible conversar. Esa “facilidad de conectar entre sí dos cosas perdidas en su mapa confuso como un laberinto” hacen el diálogo con él imposible, ya que pretende delimitar la conversación al ruedo de sus desvaríos, donde ciertamente cuenta con ventaja, y que lo mantiene alejado de cualquier intercambio racional (o hasta emocional) que permita encontrar puntos en común.
Lo lamento mucho por él, y espero que algún día se dé cuenta que años de pensar como piensa lo han convertido en un enfermo. Rezo para que encuentre a alguien que le llegue al alma y le haga ver que necesita, para empezar, un tratamiento psicológico que él no acepta. Me pregunto cómo vivirá sus últimos años, los muchos que le quedan y Dios quiera darle. ¿Será que alguna vez discierne, entre la neblina de su locura, alguna luz que le permita reorientarse? Espero que sí. Creo que, aunque el camino sería difícil, no es demasiado tarde. Pero, en última instancia, solo él puede dar el paso que lo salve.

Magistral al análisis... Estuvimos en manos de auténticos psicópatas. Recuerdo el placer enfermizo que les causaba esa idea de que un apostata sufriera en esta vida y por toda la eternidad, simplemente por osar salir de ese bucle de locura gererado por ellos.
ResponderBorrarComo bien dice tu cita al comienzo del texto, simples sentimientos como la caridad son ignorados en pro de una lógica psicótica capaz de justificar racionalmente todo tipo de locuras.
Muito interessante a análise. Permita-me apenas acrescentar que em relação aos "apóstatas" além de dizer que seriam pessoas fracassadas pelo fato de saírem do grupo, em contrapartida diziam, para justificar o sucesso de alguns, que isto era o prêmio que Deus estava dando aqui na Terra, porque esses provavelmente iriam para o inferno!!!!
ResponderBorrarDiferente era se o "apóstata" enriquecia e se tornava doador do grupo... aí era uma "misericórdia" de Deus para ele!